Cuidado

Las uñas del gato: cortar o no cortar, y por qué nunca desungular

Si alguna vez te has preguntado si deberías cortar uñas a tu gato, probablemente ya has vivido alguna escena clásica: el sofá arañado, los calcetines rotos o esa marca en el antebrazo que tardó días en desaparecer. La duda es muy común y, además, viene acompañada de otra pregunta que circula por foros y redes con más frecuencia de la que debería: la de la desungulación. Antes de entrar en materia, una cosa clara. Cortar es una opción. Desungular no lo es.

cortar unas gato

Para qué sirven las uñas de un gato

Las uñas de un gato no son un accesorio decorativo. Son parte de su anatomía funcional, y entender para qué las usa cambia completamente la perspectiva sobre cómo gestionarlas.

Un gato usa sus uñas para trepar, para frenarse al saltar, para cazar, para defenderse y para marcar territorio. El rascado, ese comportamiento que tanto destroza los muebles, no es capricho ni mala educación: es una necesidad física y comunicativa. Al rascar, el gato estira los músculos del lomo y las patas, elimina las capas muertas de la uña y deposita feromonas de las glándulas que tiene entre los dedos.

Dicho esto, un gato con las uñas en buen estado y bien gestionadas puede convivir perfectamente con humanos y muebles. El problema viene cuando no se gestiona nada.

Cuándo tiene sentido cortar uñas a tu gato

No todos los gatos necesitan que les corten las uñas con la misma frecuencia, ni todos la necesitan igual. Un gato que vive en exterior y trepa árboles desgasta sus uñas de forma natural. Uno de interior, en cambio, tiende a acumular longitud y puede acabar con uñas que se curvan y le dificultan el movimiento o, en casos extremos, que se le clavan en la almohadilla.

Hay situaciones en las que cortar las uñas es especialmente recomendable:

  • Gatos de interior sin rascadores o que no los usan.
  • Gatos mayores, que a veces dejan de rascar con la misma intensidad.
  • Gatos con movilidad reducida o que viven con personas con piel frágil.
  • Gatos que al jugar sacan las uñas y hacen daño sin intención.

Si tu gato tiene acceso a exteriores y rasca con regularidad en superficies adecuadas, puede que apenas necesites intervenir. Pero si vive en piso y el único rascador es el sofá, revisar las uñas cada dos o tres semanas es un hábito razonable.

Cómo hacerlo sin acabar los dos agotados

Aquí está el nudo de la cuestión. La mayoría de los gatos no reciben bien las manipulaciones de las patas, especialmente si no se han acostumbrado desde pequeños. Pero con paciencia y algo de método, es posible.

El material importa

Usa tijeras específicas para uñas de gato o cortauñas de guillotina para mascotas. Las tijeras de uñas humanas aplastan la uña en lugar de cortarla limpiamente y pueden causar molestias. Un corte limpio hace toda la diferencia entre un gato que aguanta y uno que sale disparado.

Entiende la anatomía antes de cortar

La uña del gato tiene dos partes visibles: la zona transparente o blanquecina, que es la uña propiamente dicha, y una zona rosada más interna llamada pulpa o quick. La pulpa tiene vasos sanguíneos y nervios. Nunca debes cortar en la zona rosada: duele, sangra y es la forma más rápida de que el gato asocie el proceso con algo negativo.

Aprieta suavemente el dedo del gato para que saque la uña y corta solo la punta transparente. Con eso es más que suficiente.

El momento y el entorno

Elige un momento en el que el gato esté relajado, preferiblemente después de comer o de una sesión de juego. No intentes cortarle las uñas cuando esté activo, inquieto o asustado. Empieza por una sola pata y termina ahí si ves que se tensa. Mañana haces otra. No hay ninguna regla que diga que tienes que acabar las cuatro de una vez.

Hablarle en voz baja durante el proceso también ayuda. No porque el gato entienda las palabras, sino porque el tono tranquilo regula la situación para los dos.

Si el gato no colabora en absoluto

Hay gatos que no van a permitir que les toques las patas sin guerra. En ese caso, no insistas por la fuerza: el forcejeo arruina la confianza y hace que la próxima vez sea aún más difícil. Un veterinario o un peluquero canino especializado en gatos puede hacerlo de forma segura. Es una opción completamente válida y más habitual de lo que parece.

El cepillado regular puede ayudarte a ir acostumbrando al gato al contacto físico frecuente, algo que luego facilita mucho otras manipulaciones como esta. Si aún no lo has incorporado a la rutina, acostumbrar al gato al cepillo es un buen primer paso antes de pasar a las uñas.

Los rascadores: la otra parte de la ecuación

Cortar las uñas no es la única herramienta que tienes. De hecho, un buen rascador bien situado puede reducir mucho la necesidad de cortar, porque el gato mantiene sus uñas por sí solo de forma natural.

El problema es que muchos rascadores están mal elegidos o mal colocados. Un rascador tiene que ser alto (el gato necesita estirarse por completo), estable (si se mueve o cae, el gato deja de usarlo) y de material que el gato encuentre satisfactorio. La sisal suele funcionar bien, pero algunos gatos prefieren la moqueta o la madera.

La ubicación también cuenta: junto a sus zonas de descanso habituales, cerca de donde el gato ya rasca o al lado de la entrada del piso son puntos estratégicos. Si colocas el rascador en un rincón oscuro donde nadie pasa, no lo va a usar. Y si no lo usa, igual que con el arenero, la culpa no es del gato.

Por qué la desungulación no es una alternativa

La desungulación, conocida en inglés como declawing, es la amputación de la última falange de cada dedo del gato. No es cortar la uña: es quitar el hueso del que crece. El equivalente humano sería cortar cada dedo por el último nudillo.

Está prohibida en la mayoría de los países europeos y en muchos estados de Estados Unidos, precisamente porque provoca daño físico permanente y no tiene ninguna justificación médica cuando se hace por motivos estéticos o de conveniencia.

Las consecuencias documentadas incluyen dolor crónico, cambios en la marcha, problemas de espalda a largo plazo y alteraciones de comportamiento, como agresividad o el abandono del arenero por el dolor que les provoca rascar la arena. Un gato desungulado no es un gato más cómodo de tener: es un gato con dolor gestionado de forma inadecuada.

Si alguien te lo sugiere como solución, recházalo. Las alternativas existen y funcionan: rascadores adecuados, corte regular de uñas, fundas de silicona para las uñas (que en algunos casos se usan de forma temporal bajo supervisión veterinaria) o simplemente aprender a convivir con el rascado redirigido.

Las fundas de silicona, por cierto, son pequeñas capas que se colocan sobre cada uña con pegamento especial. No impiden el rascado, pero hacen que cause menos daño. No son aptas para todos los gatos ni para todas las situaciones, y si te planteas usarlas, consúltalo primero con tu veterinario para ver si tienen sentido en tu caso concreto.

Vale la pena saber que algunos gatos con predisposición genética tienen condiciones que afectan su estructura física, y en esos casos las implicaciones del manejo de uñas pueden ser distintas. Si tienes un gato de raza con características físicas particulares, como los problemas articulares asociados al Scottish Fold, consulta con el veterinario antes de tomar decisiones sobre sus uñas.

Señales de que las uñas de tu gato necesitan atención urgente

Más allá de la rutina de mantenimiento, hay situaciones que no deben esperar:

  • La uña está curvada hacia la almohadilla o ya ha empezado a clavarse en ella. Puede causar infección y dolor.
  • El gato cojea o se lame una pata de forma repetida sin causa aparente.
  • Hay sangrado, inflamación o mal olor alrededor de algún dedo.
  • Una uña está rota o astillada y el gato muestra molestia al apoyar.

En cualquiera de estos casos, lleva al gato al veterinario. No intentes resolver en casa lo que puede ser una infección o una lesión que necesita valoración profesional. Las bolas de pelo también pueden generar signos difusos de malestar que a veces se confunden con molestias en las patas, por eso siempre conviene tener una visión general de la salud del gato. Si tienes dudas sobre cuándo algo deja de ser normal, saber distinguir lo habitual de la señal de alarma es clave.

Proteger tus cosas sin renunciar a sus uñas

Una duda frecuente es cómo proteger los muebles mientras el gato aprende (o decide) usar el rascador. Hay algunas estrategias que funcionan sin castigar ni asustar al animal:

  • Coloca doble cara o protectores de plástico transparente en las zonas que ya está rascando. El gato buscará otra superficie.
  • Acerca el rascador al mueble afectado y ve moviéndolo poco a poco hacia donde quieres que quede.
  • Nunca grites ni castigues al gato por rascar: no entiende la conexión entre el castigo y la acción pasada, y solo aprenderá a hacerlo cuando no estás.
  • Si lo pillas en el momento, redirige con calma hacia el rascador y premia cuando lo use.

El proceso lleva tiempo, especialmente con gatos adultos que ya tienen hábitos establecidos. La constancia funciona mejor que la firmeza.

Lo que te llevas de todo esto

Cortar uñas a tu gato no tiene que ser una lucha. Tampoco tiene que ser algo que hagas con miedo ni con culpa si alguna vez no sale bien. Es una habilidad que se aprende, que mejora con la práctica y que tiene mucho que ver con cómo hayas ido acostumbrando al gato a que le manipules.

La clave está en entender que las uñas del gato son parte de su bienestar, no solo un problema de convivencia. Gestionarlas bien —con corte, con rascadores, con paciencia— es cuidar al animal de forma completa. Y si en algún momento alguien te propone desungularlo como solución fácil, ya sabes qué responder.

Si quieres revisar cómo tienes estructurada la rutina de cuidados de tu gato, fijarte en si le estás aplicando bien la protección antiparasitaria también forma parte de esa visión de conjunto. Los detalles importan.

Preguntas frecuentes

¿Con qué frecuencia debo cortar las uñas a mi gato?

Depende del gato y de su estilo de vida. Un gato de interior sin acceso a superficies de desgaste natural suele necesitar revisión cada dos o tres semanas. Uno con acceso a exteriores o que rasca mucho en superficies adecuadas puede necesitarlo mucho menos. Observa si las uñas se curvan o si oyes el cliqueteo al caminar por el suelo: esas son tus señales.

¿Es normal que mi gato sangre al cortarle las uñas?

Si aparece sangre, probablemente has cortado demasiado cerca de la pulpa, la parte rosada con vasos sanguíneos. No es grave en la mayoría de los casos, pero sí molesto para el gato. Aplica un poco de presión con una gasa limpia. Si el sangrado no cede en pocos minutos o el gato muestra mucho dolor, consulta con tu veterinario.

¿Puedo usar cortauñas de persona para cortarle las uñas a mi gato?

No es lo ideal. Las cortauñas humanas tienden a aplastar la uña en lugar de hacer un corte limpio, lo que puede provocar molestia e incluso astillarla. Merece la pena invertir en un cortauñas específico para gatos, que puedes encontrar en cualquier tienda de mascotas a un precio muy asequible.

Mi gato odia que le toquen las patas. ¿Qué hago?

Es más común de lo que parece. Empieza por tocarle las patas sin ningún objetivo durante momentos de relax, asociándolo a algo positivo como las caricias o los premios. Con el tiempo, ve introduciendo el contacto con el cortauñas antes de usarlo. Si aun así no hay manera, un veterinario o peluquero felino puede hacerlo sin estrés para ninguno de los dos.

¿Las fundas de silicona para las uñas son seguras?

En general sí, cuando se usan correctamente y durante periodos limitados. No impiden que el gato retraiga las uñas, pero reducen el daño al rascar. Hay que cambiarlas a medida que crecen las uñas y revisar que no provoquen rozaduras. No son adecuadas para todos los gatos, así que consúltalo con tu veterinario antes de probarlas.

¿Cuándo debo llevar a mi gato al veterinario por sus uñas?

Si ves que una uña se ha curvado tanto que empieza a clavarse en la almohadilla, si hay signos de infección como enrojecimiento, hinchazón o mal olor, si el gato cojea o se lame una pata de forma persistente, o si tiene una uña rota que le causa molestia visible. En esos casos no esperes: es mejor que lo valore un profesional cuanto antes.

Aviso importante: La información de este artículo es únicamente orientativa y no sustituye la valoración de un profesional. Cada mascota y cada raza tiene necesidades propias, por lo que cualquier duda sobre su salud, alimentación o comportamiento debe consultarse siempre con tu veterinario de confianza.